Un grito de “gol”. Dos gritos de “gol”. La Selección Mexicana venció dos a cero a su rival, Sudáfrica, en el partido inaugural del Mundial 2026, que se realizó el 11 de junio en la Ciudad de México. Pero afuera del Estadio Azteca – ahora, Estadio Banorte– decenas de personas gritaron el nombre de sus desaparecidos.
“Ana Amelie, ¡hasta encontrarle!”. “Olin Vargas, ¡hasta encontrarle!”, “Ximena López, ¡hasta encontrarle!”, Moisés García, ¡hasta encontrarle!, “Yatzil Martínez, ¡hasta encontrarle!”… Una lista que parecía interminable. Una lista de más de 133 mil personas desaparecidas en México, según los registros oficiales.
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Después, el conteo, del 1 al 43, en memoria de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Guerrero en septiembre de 2014. El grito de “Justicia” llegaba siempre como punto final.
Cerca del mediodía, las familias buscadoras lograron llegar al Circuito Estadio Azteca, donde se manifestaron de forma pacífica. “No caigan en provocaciones”, se decían unas a otras ante los insultos y críticas de algunos aficionados del futbol que estaban sobre el puente vehicular que está frente al Coloso de Santa Úrsula.


Para cuando las madres llegaron a ese punto ya había elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana con equipo táctico. La intención, desde un primer momento, fue impedir que se acercaran al Estadio Azteca a protestar.
“Son unos traidores al pueblo, porque hoy por unas monedas se venden (…) Ustedes defienden al crimen, y permiten que jovencitas sean desaparecidas y vendidas para el crimen organizado”, les reclamó Vanessa Gámez, mamá de Ana Amelí.
Desde las 7:00 horas, madres y padres de desaparecidos, así como personas voluntarias, fueron encapsulados en distintos puntos de Calzada de Tlalpan.

El punto de encuentro sería la estación Textitlán del Tren Ligero, a unos 15 minutos del Estadio Azteca. Pero mientras esperaban la llegada de más familias, personas que se ostentaban como funcionarios del gobierno comenzaron a colocarse chalecos blancos, y de un momento a otros ya habían rodeado a los buscadores en un llamado “Cinturón de paz”.
El primer intento por “negociar” llegó más de una hora después. Un supuesto funcionario acordó con las familias que les permitirían avanzar si se replegaban a dos carriles, para dejar el tránsito vehicular libre. Las familias accedieron, pero el “Cinturón de Paz” mantuvo el bloqueo. Dicho funcionario –de quien se desconoce su nombre y dependencia– desapareció de la zona.
“Déjennos pasar, dejénnos pasar”, pedían los manifestantes ante las miradas evasivas de quienes los rodeaban. Como acto de protesta, los voluntarios comenzaron a cerrar el paso a todos los transeúntes que se dirigían a la fiesta futbolera. “Si no pasamos nosotros, no pasa nadie”, advirtieron. Hubo confrontación con algunos aficionados que intentaron burlar el cerco.
“Soy ciudadano y tengo derecho al libre tránsito”, gritó un hombre que quiso pasar por un puente peatonal. “Mi hijo también tenía derecho de regresar a casa”, le respondió María de Jesús Soria Aguayo, mamá de Iván Yan Carlo, desaparecido en 2016 en Veracruz y cuyos restos se hallaron en 2021.


A las 10:50 horas, del otro lado de Calzada de Tlalpan, las familias vieron pasar a otro contingente de personas buscadoras que habían logrado pasar un cerco de seguridad cerca de la estación La Virgen. Alrededor de 50 personas que estaban en Textitlán subieron al puente peatonal y se unieron con el otro grupo. Juntos, a una voz, gritaron “¿Dónde están? ¿Dónde están? ¡Nuestros hijos dónde están!”.
En el camino al Estadio Azteca, jóvenes manifestantes que se unieron al contingente derribaron las mallas metálicas que había a los costados. El paso de las madres buscadoras y sus consignas contrastaron con escenarios donde se realizaron bailables tradicionales mexicanos para disfrute de los turistas y aficionados.
De un lado de Calzada de Tlalpan se apreciaban trajes típicos mexicanos, música regional, sombreros de charro, cornetas y playeras verdes. Del otro, lonas con las fichas de búsqueda de personas desaparecidas, miradas de rabia, gritos que se volvían afónicos por tanta fuerza. “No es fiesta, es lucha y es protesta”, expresaban.

El silbatazo inicial y la exigencia de justicia
Cuando las familias de personas desaparecidas ya estaban en las inmediaciones del Estadio, vieron un cielo que se tiñó de verde, blanco y rojo, con juegos pirotécnicos que anunciaban el inicio del partido.
Alrededor de las 13:20 horas, México anotó su primer gol. Dentro del Estadio se celebró, mientras que afuera se escuchó el estallido de un petardo en el puente vehicular del Circuito, donde algunos manifestantes habían logrado subir. Pronto aparecieron más policías con equipo táctico y lograron dispersar a quienes gritaban por los desaparecidos.

“No somos criminales, solo buscamos a nuestros hijos”, repetían las madres buscadoras ante la llegada de más elementos antimotines. Hacia las 14:00 horas, del otro lado del Circuito comenzaron las confrontaciones entre policías y jóvenes manifestantes.
Pasaron los minutos y sobre Calzada de Tlalpan se escucharon más petardos, además, se percibía gas lacrimógeno. Los manifestantes retrocedían al mismo tiempo que los antimotines avanzaban. Los destrozos en las estaciones del Tren Ligero no se hicieron esperar. Los colectivos de madres buscadores decidieron retirarse del lugar poco a poco.

Cuando parecía que las movilizaciones –a las que se sumaron distintas grupos, como defensores ambientales, animalistas, estudiantes y maestros– ya se habían dispersado, sobre Calzada de Tlalpan, a la atura de la estación Registro Federal, un colectivo de madres buscadoras avanzaba con las fotos de sus hijos en el frente. Eran los Lirios Buscadores de Cuautitlán Izcalli, una región del Estado de México donde se reportan más de 200 personas desaparecidas.
El partido terminó a las 15:04 horas con el triunfo de la Selección Mexicana. En la Ciudad de México es común que los aficionados vayan al emblemático Ángel de la Independencia a celebrar. Pero no es tan común que familias buscadores se den cita en ese lugar para nombrar a sus desaparecidos y para exigir su búsqueda.
En ese punto de Paseo de la Reforma también contrastó la fiesta y la victoria con el dolor y la impunidad. La empatía fue la gran ausente en esta inauguración. Algunos aficionados decidieron quitar las lonas con las fotos de los desaparecidos para taparse de la lluvia. Hubo quienes insultaron y agredieron a las madres buscadoras cuando estas les pidieron respeto.
México ganó el partido inaugural. Afuera del estadio, las familias volvieron a casa sin respuestas. El marcador quedó resuelto en noventa minutos; la búsqueda de sus hijos sigue abierta.



