Detrás de ese suéter artesanal bordado que tanto te gusta, hay una mujer artesana que invirtió horas de trabajo y que muchas veces no recibe un pago justo por la pieza que tejió. En México, las artesanas textiles enfrentan bajos ingresos, informalidad y falta de seguridad social.
El estudio Tejiendo el cambio: por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía-textil en México realizado por el consorcio UNIDAS, integrado por Oxfam México, el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ProDESC), Ethos Innovación en Políticas Públicas y Fundación Avina, analiza las condiciones laborales que enfrentan las mujeres dedicadas a la artesanía-textil en México.
Aunque el trabajo artesanal aporta el 18.4% del Producto Interno Bruto (PIB) cultural, las mujeres artesanas principalmente indígenas, afromexicanas y rurales, tienen que adaptarse a laborar bajo la informalidad, ingresos inferiores a sus pares masculinos y severas barreras de acceso a la protección social.

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¿Cuál es el panorama de la industria artesanal textil en México?
De acuerdo con el informe, el subsector artesanía-textil en México atraviesa una precarización estructural e histórica, debido a la invisibilización económica del trabajo de mujeres indígenas y rurales.
Pues tienen que enfrentarse a factores como: bajos ingresos, falta de reconocimiento del valor y significado sociocultural y acceso limitado a derechos, además de que las instituciones no han podido garantizar una protección efectiva para las mujeres dedicadas a esta actividad.
Para la organizaciones civiles las desigualdades en este sector provocan que la artesanía-textil sea considerada como una ocupación de carácter secundario o recreativo, asociado al tiempo libre o limitada a la transmisión de cultura e identidad, más que como una actividad económica, fuente legítima de ingresos y sustento.
«Esta mirada reduce su valor económico y desdibuja su carácter laboral, dificultando su reconocimiento como trabajo justo con derechos», dice el documento.
La industria indumentaria se dedica a fabricar y vender ropa de productos relacionados con la vestimenta, también incluye artículos hechos de cuero y piel, como zapatos, bolsas y otros accesorios. Pero el estudio decidió limitar su análisis únicamente a lo relacionado con ropa, accesorios y productos textiles hechos artesanalmente.
La participación económica de las mujeres artesanas en la industria textil
El estudio Tejiendo el cambio: por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía-textil en México resalta que esta actividad aporta un gran porcentaje a la economía y cultura de México, pero que las mujeres realicen sus prendas bajo la informalidad ha provocado un declive para el sector.
De acuerdo con el Inegi, en 2024 la producción artesanal representó 18.4% del PIB del sector cultural y concentró 30.2% del empleo de ese sector, convirtiéndose en la actividad cultural con mayor valor económico. No obstante, su aportación al PIB cayó un 3.8%, debido al trabajo irregular y la competencia con productos que imitan a las artesanías y las dificultades para comercializarlas.
El reporte señala que los textiles y el trabajo con fibras vegetales se encuentran entre los que tienen mayor importancia económica.
Las cifras arrojan que las mujeres son las que tienen una mayor participación en la producción de productos tejidos artesanales, pues en el cuarto trimestre de 2025 había alrededor de 771 mil 480 personas mayores de 15 años dedicadas a las artesanías textiles, y 78.5% eran mujeres, es decir, casi ocho de cada diez personas que realizan este trabajo son mujeres.
Que las mujeres predominen en esta actividad ha llevado a considerar una “feminización estructural” de la artesanía textil, lo cual obliga a analizar en qué condiciones realizan ese trabajo y cuánto reciben por hacerlo, «plantea la necesidad de profundizar en las condiciones de reconocimiento, valorización y protección de este trabajo».
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Condiciones en las que trabajan las mujeres dedicadas a la industria textil artesanal
El informe advierte sobre un problema que ha aquejado a quienes se dedican a esta actividad textil, muchas veces los productos que producen terminan vendidos en cademas de producción más grandes, incluso nacionales o internacionales, el problema es que debido a la alta tasa de informalidad, resulta difícil saber quién produjo una pieza, para quién la produjo y bajo qué condiciones laborales.
Una pieza artesanal puede terminar exhibida en una cadena comercial mucho más grande, pero la mujer que la elaboró puede quedar prácticamente invisible, pues no se reconoce su autoría, cuánto trabajo aportó ni el territorio y la cultura de donde provienen sus conocimientos y técnica.
Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el cuarto trimestre de 2025, el 94% de las
personas ocupadas en este subsector trabaja en condiciones de informalidad, es decir, no cuentan las prestaciones establecidad en la ley, en el caso de la seguridad social solo 4.5% cuenta con este servicio.
El ingreso registrado mensual promedio para una persona dedicada a esta actividad es de 4,500 pesos, cerca de 2 veces menos que el salario mínimo, equivalente a 8,364 pesos en el 2025. Además, de que no cuentan con prestaciones como aguinaldo, vacaciones, pago de utilidades.
Otra circunstancia que afecta a las mujeres artesanas textiles es que trabajan en micronegocios sin establecimiento, no tienen un local o espacio formal, la falta de recursos propicia que utilicen sus casas como centro de producción, lo cual provoca que su trabajo sea menos visible de manera formal.
Las mujeres de este sector tienen otra desigualdad al enfrentarse a una segregación vertical en la que los hombres tienen más posibilidades de ocupar puestos de supervisión y control, pues el 67.1% de estos niveles están ocupados por hombres, incluso cuando se trata de talleres en casa.
El estudio asegura que alrededor de 4.5% de las mujeres del sector tendrían que llegar a puestos de supervisión para que hubiera una distribución más equilibrada, debido a que las mujeres cargan con una mayor parte de las tareas domésticas y de cuidados, pero también con prejuicios que hacen que los hombres sean vistos con mayor frecuencia como quienes deben dirigir o tomar decisiones.
A su vez está la segregación horizontal, en la que hombres y mujeres participan en diferentes actividades, ellos enfocados en tareas tradicionalmente “masculinas”, como cargar materiales, utilizar herramientas pesadas, trabajar con químicos o realizar actividades físicamente demandantes, mientras que las mujeres se concentran en ocupaciones que requieren trabajo manual, precisión y repetición como bordadoras y deshiladoras; y artesanas sastres, costureras y confeccionadoras de prendas de vestir, no por la falta de capacidades sino por prejuicios sobre qué trabajos corresponden a hombres o mujeres.
«La feminización de estas ocupaciones se explica por la naturalización de ciertas habilidades —destreza manual, paciencia y
precisión, por ejemplo— como atributos “propios” de las mujeres, lo que las relega a ocupaciones intensivas en trabajo y de menor reconocimiento», precisa el informe.

¿Cuánto puede valer una prenda artesanal?
El trabajo Tejiendo el cambio: por un trabajo justo para las trabajadoras de la artesanía-textil en México evidencia el poco valor monetario que se le da a las piezas hechas por las mujeres artesanas, pues es tan poco lo que se paga por el trabajo artesanal con relación con el tiempo que requiere.
De acuerdo con los testimonios recogidos por el estudio, las artesanas reciben alrededor de 20 pesos por hora de trabajo, además del costo de los materiales, si trabajan entre 5 y 6 horas al día, obtienen alrededor de 100 a 120 pesos diarios por su trabajo.
Por ejemplo, el estudio comenta que una blusa bordada puede tardar entre 8 y 25 días en elaborarse, pero al momento de venderla la artesana puede recibir solamente entre 50 y 300 pesos, especialmente cuando hay intermediarios o cuando el comprador regatea el precio, por lo que el precio final muchas veces no refleja ni las horas de trabajo, ni la complejidad, ni el conocimiento necesario para elaborar la pieza.
Además, se enfrentan a intermediarios o compradores finales, que operan sin contratos formales ni criterios para calcular precios justos, lo que profundiza la vulnerabilidad económica.
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¿Qué falta para valorizar el trabajo de las mujeres artesanas textiles?
Las organizaciones que integran UNIDAS aseguraron que los modelos tradicionales de protección social no responden a las condiciones de las mujeres artesanas textiles, pues incluso contribuyen a mantenerlas excluidas.
Ante ello, comentan que las propias artesanas han creado redes comunitarias basadas en la solidaridad, los cuidados y la organización colectiva para enfrentar sus necesidades, pero estas redes no deberían sustituir la responsabilidad del Estado de garantizar derechos laborales y protección social.
UNIDAS proponen cambiar las políticas laborales, culturales y económicas de la industrial textil artesanal, en las cuales se pueda reconocer esta actividad como un trabajo en el que se garanticen los oportunidades de protección social, comercialización y desarrollo que sean flexibles y adecuados a las condiciones de cada comunidad.
También consideran que es necesrio fortalecer las redes comunitarias de protección y cuidados, mejorar la coordinación entre instituciones, incorporar directamente la voz de las artesanas en las decisiones públicas y generar información más precisa sobre sus condiciones de trabajo.
Además, de impulsar una mayor responsabilidad en las empresas y promover modelos económicos más justos, para que ellas puedan obtener mejores condiciones y una mayor parte del valor que genera su trabajo.



