Las desapariciones de personas en México se triplicaron en la última década. En 2025 se registraron 213% más casos que en 2015, una tendencia que evidencia el crecimiento sostenido de la violencia y las limitaciones del Estado para contenerla.
Así lo señala México Evalúa en su informe “Violencia en México 2015–2025”, en el que se detalla que en 2015 desaparecieron 4 mil 114 personas, y para 2025 la cifra anual superó las 12 mil 800.
Además, en este periodo, las desapariciones no han ocurrido de forma generalizada en todo el territorio mexicano. Sinaloa, Sonora y Baja California Sur son los estados con las tasas más altas de personas no localizadas en 2025.

En los tres estados se registran, en promedio, de 24 a 29 desapariciones por cada 100 mil habitantes. El caso más preocupante es Baja California Sur, cuya tasa muestra un incremento 666% de 2015 a 2025.
“Una parte relevante de la violencia letal (en estos tres estados) está siendo desplazada hacia la categoría de personas no localizadas, ya sea por control territorial del crimen organizado, por limitaciones forenses o por problemas de clasificación”, puntualiza México Evalúa.
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¿Por qué tantas personas siguen sin ser localizadas?
El informe subraya algo clave: las desapariciones no pueden analizarse de forma aislada, pues forman parte de la misma dinámica de violencia extrema que los homicidios y los feminicidios.
Es decir, en la medida en que aumentan las desapariciones, también lo hace la violencia letal en su conjunto: entre 2015 y 2025, los homicidios dolosos crecieron 30.7%, y los feminicidios, 68.5%.
Estas cifras no son casualidad. México Evalúa expone que muchas veces las desapariciones son utilizadas para ocultar asesinatos que, ante las autoridades, no llegan a registrarse como tales.

México Evalúa también identifica varios factores por los que la localización e identificación de personas desaparecidas suele no llevarse a cabo, entre las que destacan:
- Control territorial del crimen organizado, que dificulta la búsqueda y la investigación.
- Disputas criminales persistentes, donde desaparecer cuerpos es una estrategia para borrar evidencias.
- Limitaciones forenses, que impiden identificar restos humanos de manera oportuna.
- Problemas de clasificación, que fragmentan los registros oficiales y diluyen la dimensión real del problema.
Asimismo, refiere que el gobierno federal no puede solo basarse en la reducción de homicidios para presumir la contención de la violencia, por lo que propone una estrategia integral que priorice la prevención y la coordinación y fortalecimiento interinstitucional.