Valeria Palacios Cruz llegó por azar a la carrera de Ingeniería en Mecatrónica. Ahí todo fluyó: pasó del aula hasta escenarios de rescate, atención a emergencias y reforestación. Junto a su equipo, la estudiante del Instituto Tecnológico de Veracruz y de la Universidad CEULVER, ha aprendido a mirar el mundo desde el aire. Literalmente. Con sus drones.
Proyectos que comienzan a tener eco a nivel internacional: fue premiada en el World Education Medal, reconocimiento que se hace más significativo en un mundo en el que solo el 35% de las mujeres aspira a una carrera en las áreas relacionadas con Ciencias, Tecnología, Ingeniería o Matemáticas, mejor conocidas como STEM.
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La historia de Valeria Palacios
La trayectoria de Valeria en la ciencia no comenzó con laboratorios sofisticados, sino con herramientas, climas y la curiosidad por entender cómo funcionan las cosas.
Ese interés inicial la llevó al Conalep de Veracruz, donde la aparición de una nueva carrera —Mecatrónica— marcó un punto de quiebre en su vida. Ahí conoció al ingeniero Víctor Manuel Leiva Negrete, su asesor de proyectos y una figura clave en su formación.
Bajo una enseñanza basada en el aprendizaje práctico, Valeria se integró a un club donde las ideas no se quedaban en el papel: se convertían en prototipos, robots y, más tarde, en drones con impacto real en el mundo.
“Lo más genial fue que todo el equipo compartía un mismo objetivo: hacer proyectos innovadores para ayudar a la sociedad y al medio ambiente. Es ahí cuando te juntas con personas que tienen los mismos métodos que tú y es ahí como todos podemos crecer y lograr proyectos que hemos logrado y desarrollado”, contó la estudiante de 19 años a Ruido en la Red.
Con el tiempo, Valeria entendió que la tecnología podía ir más allá de la innovación técnica. Podía servir para resolver problemas sociales, ambientales y de emergencia. Ese enfoque fue el que dio origen a varios de sus proyectos, entre ellos el uso de drones para reforestación y rescate, una de las líneas de trabajo que hoy define su camino.

Drones que siembran desde el aire
Uno de los proyectos más representativos es Siembra con Drones, una iniciativa que nació como idea estudiantil y que evolucionó hasta convertirse en una herramienta real para restaurar ecosistemas.
Valeria y su equipo desarrollaron drones de gran tamaño a los que adaptaron mecanismos diseñados en 3D, capaces de dispersar semillas de distintos tamaños de forma controlada.
La tecnología no solo permite llegar a zonas de difícil acceso, sino hacerlo de manera más rápida y eficiente que los métodos tradicionales. Gracias a la electrónica integrada, los drones pueden realizar diferentes tipos de aperturas para soltar semillas específicas según el terreno.
“Hemos tenido un buen alcance en este proyecto, el cual empezó primero con una idea estudiantil en la escuela, en el salón de clases -impartido igual por el ingeniero Víctor-. Empezó primero con una reforestación en un basurero y de ahí pasaron como dos, tres años, y el proyecto volvió a resurgir, pero ya con la tecnología un poco más avanzada», agregó.
Las pruebas no se quedaron en simulaciones. En actividades de reforestación realizadas en Maltrata (Veracruz), el Cofre de Perote (Veracruz) y Cuautzingo (Estado de México), lograron cubrir aproximadamente 200 hectáreas, demostrando que los drones pueden convertirse en aliados clave para enfrentar la deforestación.
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“Mantarraya”, un dron para salvar vidas
La experiencia adquirida con los drones fue la base para desarrollar “Mantarraya”, un dron pensado para operaciones de rescate. El proyecto fue desarrollado por seis estudiantes de la Universidad Ceulver y representó un reto técnico mayor: escalar el diseño, garantizar estabilidad, seguridad y reducir al mínimo cualquier margen de error.
”No puede haber fallos”, explica Valeria Palacios. Un dron de rescate implica riesgos reales: desde una caída hasta la posibilidad de lastimar a personas. Por eso, el equipo se enfocó en identificar puntos débiles y reforzar cada componente.
Palacios señaló que “Mantarraya” está diseñado no solo para localizar y rescatar personas, sino también para transportar víveres en zonas incomunicadas tras desastres naturales. En casos de inundaciones, como las registradas en Poza Rica en octubre de 2025, el dron podría marcar la diferencia al llegar en cuestión de segundos a lugares donde el acceso terrestre es imposible.
Incluso, el diseño es adaptable: Mantarraya también puede funcionar como dron para apagar incendios, ampliando su uso en escenarios de emergencia.
El proyecto ya ha tenido acercamientos con autoridades locales. Valeria y su equipo sostuvieron reuniones con bomberos y Protección Civil municipales para explorar la implementación de estos drones en protocolos de rescate, destacando la rapidez con la que pueden armarse, despegar y operar.
Aunque el desarrollo de drones es una parte central de su trabajo, Valeria insiste en que la tecnología solo tiene sentido si sirve a las personas. Esa visión también se refleja en otros proyectos como “Conia”, un robot de servicio para adultos mayores, diseñado para acompañar, leer recetas, identificar medicamentos y facilitar la vida cotidiana mediante inteligencia artificial y visión artificial.
En todos los casos, el objetivo es el mismo: hacer tecnología accesible, simple y útil, especialmente para quienes suelen quedar fuera de los avances tecnológicos.
Mirar el futuro desde México y ser finalista de la World Education Medal
Ser finalista y ganar una medalla en el World Education Medal representa, para Valeria, una oportunidad para visibilizar el talento joven que existe en México y que muchas veces no recibe apoyo suficiente. Considera que estos reconocimientos pueden abrir puertas y servir de inspiración para otros estudiantes, especialmente para mujeres interesadas en la ingeniería.
”También quedaría de ejemplo que también las mujeres entren como a temas o a estudiar ingeniería, que cambie ese chip de que las mujeres también hacen tecnología, hacen innovación. Daría muy buenos resultados en el área”, apunta.
Desde su experiencia, también lanza un llamado a fortalecer la investigación en energías renovables y a diversificar las fuentes de energía en el país. Cree que las universidades tecnológicas tienen un papel clave en este proceso y que proyectos como los drones pueden integrarse a una visión más amplia de innovación sostenible.
Valeria Palacios Cruz no imaginó llegar hasta donde está hoy. Sin embargo, cada dron que despega, cada semilla que cae desde el aire y cada prototipo que construye confirma que la ciencia, cuando se combina con compromiso social, puede cambiar realidades. Y a veces, basta con mirar desde el cielo para entender cómo transformar lo que ocurre en tierra firme.