Diego es una de las más de 135 mil personas desaparecidas en México. Y mientras en el Estadio de Nueva York se jugaba la final de la Copa del Mundo, en la Glorieta de las y los desaparecidos, en la Ciudad de México (CDMX), su mamá, Verónica Rosas, lo recuerda con nostalgia.
«Es muy nostálgico, porque a Dieguito, desde chiquito, le gustó el futbol; él practicaba, entrenaba en un equipo de la colonia y participó en varios torneos de la colonia», declara Verónica Rosas, mientras sostiene la ficha de búsqueda de su hijo desaparecido.
El joven tenía 16 años cuando fue secuestrado y desaparecido, un 4 de septiembre de 2015, en Ecatepec, Estado de México. Desde entonces, no sabe de él.
La cascarita por la memoria de los desaparecidos en México
El nombre de Diego y de las más de 135 mil personas desaparecidas en el país, hoy fueron recordados con una cascarita por la memoria y contra el olvido, en la Glorieta de las y los desaparecidos en la CDMX.
Bajo el sol del mediodía, la pelota rodó sobre Paseo de la Reforma. Aquí no había playeras de España o Argentina, finalistas de la Copa del Mundo, y las que había, estaban intervenidas con rostros y nombres de quienes llevan tiempo sin estar con sus familias.
En la cancha improvisada, el futbol volvió a sus raíces: la calle, la gente, el juego por diversión, por los que están y los que faltan.
«Los invitamos a sumarse a la cascarita por la memoria», decían desde el altavoz a las personas que transitaban sobre Reforma.

Adolescentes y adultos se unieron, corrieron tras el balón, gritaron goles y ayudaron a que la memoria siguiera viva, porque los partidos se acaban y el Mundial también, pero la exigencia continúa.
‘Te sigo buscando, Diego ‘
A la cita acudieron familias buscadoras, colectivos y personas solidarias, quienes este domingo, 19 de julio de 2026, clausuraron las jornadas «Hagamos que suceda, hasta encontrarlos», una serie de acciones que incluyeron marchas, cascaritas y veladas para exigir la búsqueda de sus desaparecidos.
Veronica Rosas graba las cascaritas, le toma fotos a una bandera intervenida y mira, con nostalgia, como los jugadores se divierten.
Su hijo, Diego, desapareció cuando tenía 16 años. Le gustaba practicar deportes, pero el futbol era su pasión. Por eso, participó en varios torneos con un equipo de su colonia.
También, era un «niño con mucha vida, con mucho ánimo, alegre, un buen amigo, un buen hijo», recuerda su mamá.

Por eso, Verónica Rosas lo sigue buscando. «Todos los días me levanto y te mando una oración, que Dios te cuide, te bendiga y te proteja, donde estés «.
Y hoy sabe que en su búsqueda no está sola y esa sensación la llena de ánimo y esperanza.
«Ahora, hay mucha gente que se ha unido a tu búsqueda, muchísima gente que ha aprendido a quererte y que, ahora, no solo te busco yo, además de tus tías, tus primos, tu abuelo, toda la familia, también hay mucha gente solidaria, que se ha hermanado para encontrarte».


