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Cuando el amor salva y sostiene una búsqueda: 11 años de Verónica sin su hijo Diego Maximiliano

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Desde hace 11 años, Verónica bus a Diego, su hijo. Foto: Juan Pedro Salazar/Ruido en la Red.
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Ya son 11 años sin Diego Maximiliano Rosas. Un joven que fue arrancado de la vida de su madre, Verónica, un 4 de septiembre de 2015. Desde entonces, su mamá, su abuelo, sus tías, sus primos, no saben nada de él. Desde entonces, su nombre es uno de los más de 130 mil que permanecen desaparecidos en México, según los registros oficiales.

El país enfrenta una crisis de personas desaparecidas, lo que ha llevado a familias a organizarse en colectivos, llevar a cabo búsquedas y exigir a las autoridades que sus hijas, hijos, padres, madres, abuelas, abuelos, nietos, nietas, sobrinos, sobrinas, sean localizados y localizadas, y dejen de ser nombrados y nombradas como un número de carpeta.

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Cuando el amor sostiene una búsqueda

Dentro de la unidad Llanos de Báez, en Ecatepec, está pintado un mural en memoria de Diego Maximiliano Rosas. En la pared intervenida figura su rostro, acompañado de la frase: ¡Hasta encontrarte!

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Ahí, su mamá, Verónica Rosas, fue acompañada por familiares, integrantes de colectivos de familias buscadoras y personas solidarias, con un solo objetivo: recordar a Diego y reavivar la esperanza de encontrarlo.

“Lo seguimos buscando, con la misma convicción que el primer día, impulsada por la esperanza de tenerlo de regreso en casa. Su ausencia ha dejado una herida indescriptible en la familia. Pero, hoy queremos ser claros: no es el dolor lo que nos sostiene en la lucha, sino el inmenso amor que le tenemos a Diego”, detalló Verónica.

Momentos antes de que tomara la palabra, se llevó a cabo a cabo una misa en memoria del joven de 16 años, que fue secuestrado un 4 de septiembre de 2015.

Bajo la compañía de representantes de varios cultos, pidieron por Diego y destacaron la fortaleza de Verónica, quien, pese a su dolor, también da fortaleza a otras personas buscadoras.

“Hoy, más que un acto de denuncia, queremos enviarle un mensaje de amor a Diego, donde quiera que lo tengan. Queremos decirle que no ha pasado ni un solo segundo donde no lo tengamos presente, que hemos volcado todas nuestras fuerzas, buscando todas las formas posibles para encontrarlo y que, a lo largo de este camino, mi familia ha seguido con nosotros y hemos formado lazos con otras familias y personas solidarias, que hoy también lo buscan como si fuera suyo. Porque su historia ya le pertenece a la memoria colectiva”, añadió Verónica.

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Reapropiarse de los espacios de violencia

Luego de cometer el delito, los captores de Diego enviaron una “prueba de vida” a su familia. La dejaron en unas jardineras cercanas a la casa donde él creció, junto a su mamá. En ese espacio, relató Verónica, una mujer fue víctima de feminicidio.

“Un espacio público (las jardineras) que debería ser destinado al esparcimiento. Fue convertido en un escenario de criminalidad”, denunció.

Hoy, como parte de los actos en memoria, Verónica y personas solidarias se reapropiaron del lugar para sembrar vida.

“Once años después, he decidido arrebatarles ese espacio a la violencia para resignificarlo, sembrando lavandas y suculentas para sumarlas como un nuevo sitio de memoria”, detalló.

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Diego Maximiliano tenía 16 años cuando fue secuestrado en Ecatepec. Foto: Juan Pedro Salazar/Ruido en la Red.

Y lanzó un llamado a las autoridades: “los espacios públicos deben ser recuperados y mantenidos por el Estado, no abandonados a la delincuencia”.

‘El amor salva’

Las manos de cinco personas se hunden en la tierra. Hacen espacio para sembrar unas lavandas y unas suculentas. Las jardineras que hace unos años fueron escenarios de hechos violentos, hoy tratan de ser resignificados.

Momentos antes, estos espacios fueron pintados y dos frases fueron escritas sobre el cemento: “La vida en paz” y “El amor salva”.

La intervención ha terminado. Verónica y sus acompañantes sonríen frente a la cámara, porque el amor salva, el de la familia, el de las personas solidarias, el de las personas que se hermanan ante el dolor, el de las personas que mantienen la exigencia de búsqueda de las más de 130 mil personas desaparecidas en el país.

Hace 11 años, Diego Maximiliano fue secuestrado y la vida de una familia cambió. Pero, la situación mantiene intacto el amor de Verónica por su hijo.

“Sigo buscándote con la misma esperanza, con el mismo amor, desde el momento que llegaste a mi vida. Este amor sigue fuerte y no cambia. Te sigo guardando en mi corazón, en mi mente, en mis pensamientos, todos los días (…) y también estás ayudando a que mi corazón siga fuerte, desde el amor, hasta encontrarte”.

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Escrito por
Juan Pedro Salazar

Editor con nueve años en medios de comunicación. Leo y escribo sobre temas hard, soft y deportes. Fan del futbol, de los atardeceres y de la empatía.