La historia de Diana Luz Vázquez es similar a la de más de 4 millones de madres autónomas en México: al progenitor de su hija “se lo tragó la tierra” cuando supo que Sabina venía en camino. Con esa facilidad evadió no solo su responsabilidad de paternar, sino también el pago de la pensión alimenticia.
Así, Sabina –hoy de nueve años– se sumó a otra cifra: siete de cada 10 infancias en México no cuentan con la crianza de sus padres ni con manutención. Y esa es también la historia de Diana Luz, al ser hija de un padre que la abandonó a ella y a su madre apenas supo del embarazo, y nieta de una abuela que también fue abandonada por su papá.
Así nació la Ley Sabina contra los deudores alimentarios. En entrevista, la activista —autora del libro Salvavidas para madres autónomas— explica por qué, pese a los avances legales, millones de padres siguen encontrando la manera de evadir una obligación tan básica como la manutención para sus hijos.
«Yo espero que cualquier deudor alimentario sea rechazado en sus círculos, que sea mal visto, que no sea ni tu amigo», dice en entrevista para Ruido en la Red.
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¿Qué significa Sabina en esta lucha contra los deudores alimentarios?
Sabina es una reivindicación de mi historia familiar. De repensarme, no solamente como mamá, sino como la hija que fui de un padre ausente, como la nieta que fui de un señor que nunca paternó y que llegaba violento a su casa, y que cada que mi abuela le pedía dinero para sus hijos e hijas era una golpiza.
También es el reflejo de muchas “sabinas” en este país: niñas y niños que no reciben su pensión alimenticia, que no son reconocidos por su padre, que es muy fácil para un señor desentenderse del embarazo de una mamá, de sus hijos y de sus hijas.
Sabina viene a resonar en un contexto histórico donde las mujeres no solamente ya no callamos las violencias, sino queremos otra realidad para ellas, para las niñas que están, para las niñas que vienen.
¿Cómo surge el movimiento de la Ley Sabina?
El movimiento de las mamás surgió en 2021 en Oaxaca con una necesidad de exhibir a estos deudores alimentarios, de saber que mi caso no era el único, que había muchas más compañeras que sabíamos que no era normal que se nos cuestione nuestra maternidad por «haber elegido mal», por no darnos cuenta desde el inicio que ese señor nos iba a abandonar.
El movimiento no surgió con la sola idea de “vamos a hacer una ley”. Quisimos primero sanar, en un modo catártico, y decir: «Estos señores deben la pensión, y las mujeres que los conocen deben saberlo para no relacionarse con ellos, para no tener hijos con ellos, porque no cumplen».

¿Quiénes son los deudores alimentarios? ¿Dónde ocurren estos casos?
El machismo no tiene grado académico. Puede verse representado en un doctor en derecho, en un maestrante, en defensores de derechos humanos. ¡El cinismo de estos personajes!
Hemos encontrado también que hay pastores cristianos, deportistas, cantantes, líderes de opinión. Es decir, hay muchos hombres que han normalizado esta violencia y que lo han hecho porque saben que se puede y que no pasa nada.
Hay muchísimos deudores alimentarios en el poder: secretarios de Estado, directores, funcionarios, concejales, presidentes municipales.
Un ejemplo es el alcalde de Escárcega (Campeche, Juan Carlos Hernández Rath), que se acaba de hacer la prueba de ADN después de casi tres años de insistencia de la colectiva. El secretario general de gobierno de Tlaxcala (Luis Antonio Ramírez Hernández) también es un señor que no pagaba la pensión alimenticia, y que hoy la paga en especie: no da dinero a la mamá, cubre colegiaturas, gastos de salud y ya. No paterna y le es permitido por la justicia. ¡Y ocupa un cargo público!

¿Quién encubre a los deudores alimentarios?
El patriarcado está vigente en quienes toman decisiones, en los compañeros de diputados y senadores. Como dice el el argot popular: «Chinto tapa chinto, y chinto a su compañero”. Y así se van encubriendo.
Y lo peor es que hay mujeres que están también encubriendo y solapando a estos señores.
Las mujeres que representan la toma de decisiones tendrían que expresar un rechazo visible y puntual a estos agresores, aunque sean sus compañeros.
¿Qué busca la Ley Sabina?
Cuando hablamos de pensión no hablamos solamente de una cantidad económica. Hablamos de cuidados, del tiempo que una mamá tiene que dejar de trabajar o de hacer otras cosas para poder maternar. Hablamos del cansancio, de la salud mental y emocional.
En este sentido, la Ley Sabina busca tres cosas puntuales: Que las pruebas de ADN para el reconocimiento de paternidad sean sufragadas por el Estado o por el progenitor.
Que los registros nacional y estatal de deudores alimentarios sean públicos (sin que se requiera CURP o clave de acceso para visualizar la lista). Y que cuando haya una demanda por pensión alimenticia no se otorgue el cambio de guarda y custodia a los padres.
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¿Exhibir a los deudores alimentarios abona a la lucha?
La forma en la que hemos visto que es más efectiva la justicia, es que la vergüenza alcance a estos señores deudores.
En 2023, en México se creó el Registro Nacional de Deudores Alimentarios pensado para que la vergüenza social los alcance y también, a partir de esto, se les vayan restringiendo derechos.
Pero el registro es una simulación. Solo Ciudad de México, Coahuila y Oaxaca tienen el registro público. A nivel nacional y en el resto de los estados las listas de deudores están ocultas o ni siquiera las hay.
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Por otro lado están las penas de cárcel. Nosotras (las mamás) hemos aprendido que en estos casos el carácter punitivo sí es efectivo, porque es la única forma en la que los deudores pagan cuando ven que ya van a pisar la cárcel.
Sin embargo, el proceso para llegar a ese punto es muy largo y costoso. De hecho, muy pocas madres logran judicializar a los deudores alimentarios.
¿Qué responsabilidad tienen los jueces en la garantía de la pensión alimenticia?
En México hay una gran una gran permisividad para los deudores alimentarios. Los jueces les imponen cantidades irrisorias, que parten solo del 15% del salario de los deudores. En otros países, como Estados Unidos, una pensión alimenticia parte de un 60% cuando se trata de dos o más hijos. En otros países parte del 30%.
A esto se suma que el Poder Judicial no rinde cuentas, por eso cotidianamente hay revictimización en los juzgados. A las mamás les piden que “ya no molesten al señor”, que “sanen” y que “trabajen un poquito más para que les alcance”. Mientras que a ellos se les pone en un lugar de protección, hasta se les permite denunciarnos por daño moral o extorsión.

Hay grupos que hacen contraactivismo a la Ley Sabina, ¿qué piensas de esto?
Dicen algunos hombres machistas que hoy las mujeres tenemos más derechos que ellos. Lo cierto es que nos descuidamos un minuto y ya están legislando en contra de nosotras. Nos descuidamos y los deudores se organizan con nuevas formas de violentar, ahora asumiendo un papel de víctimas que no les corresponde.
Lo hemos dicho puntual y muy claro, en un proceso de pensión alimenticia no puede haber dos víctimas, hay una sola: un niño o niña que no recibe su manutención.
Por eso, a las madres que deciden iniciar un proceso de pensión alimenticia, las invito a que no luchen solas, agrúpense con otras mamás y colectivas, porque cuando los agresores nos ven solas se ensañan y emplean otras formas de violentarnos.
¿Qué responsabilidad social tenemos sobre los deudores alimentarios?
Pensando en el ideal de una sociedad, yo espero que cualquier deudor alimentario sea rechazado en sus círculos, que sea mal visto, que no sea ni tu amigo. Que si tienes un familiar que es deudor alimentario no lo solapes con tu silencio, que sea motivo de conversación en la familia, que dejemos de protegerlos.
La pensión alimenticia no es de índole privado, es un problema público por la cantidad de deudores y el daño que ocasionan a las infantes y a las madres.
¿Cómo piensas que esta lucha va a cambiar el panorama para Sabina y otras infancias?
Sabina, como muchas niñas, no estará exenta de un agresor, porque la cultura machista permanece. Hay grandes retos para esta generación y la que viene, pero creo que Sabina va a tener otra mirada y otros lentes para identificar y reconocer la violencia.
Hoy, nos toca darle a estas niñas herramientas para rechazar la violencia y para enfrentarla cuando sea necesario. Y cuando tengan que denunciar se lo van a hacer con mucha más valentía que nosotras, y quizá con un marco jurídico mucho más igualitario.



