La crisis de desapariciones en México, que registra más de 133,000 casos, ha transformado la vida de miles de familias que han perdido a un ser querido; durante años, la búsqueda ha sido asociada principalmente a las mujeres, en un reciente informe de, Centro Fundar visibiliza a un grupo poco reconocido: los hombres buscadores, una presencia que pocas veces se ve o se menciona en los medios y en la atención pública.
El documento Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores busca visibilizar el trabajo que hacen los hombres para buscar a sus desaparecidos, así como cuestiona los estereotipos de género que han marcado esta participación diferenciada, donde se espera que los hombres provean sustento, mientras las mujeres asumen la carga afectiva, el cuidado y la búsqueda.
El texto pretende mostrar «desde una mirada crítica» la experiencia de los hombres en la búsqueda, los impactos psicosociales, y la manera en cómo participan en trabajos de cuidado y labores de búsqueda en contextos permeados por la criminalidad.
Durante la presentación del informe, Humberto Guerrero, coordinador del programa de Derechos Humanos de Fundar, explicó que el informe Impactos psicosociales en hombres buscadores y labores de cuidado surgió a partir de preguntas sobre por qué hay menos hombres involucrados en la búsqueda de familiares desaparecidos y cómo influyen los roles de género en su participación.
Dijo que la publicación es presentada con motivo del Día del Padre, para visibilizar la experiencia de los hombres que participan en estas labores y las afectaciones que enfrentan durante el proceso de búsqueda.
Alejandra Ramírez, integrante de Fundar, explicó que el documento analiza la experiencia de los hombres buscadores en México, un grupo que ha permanecido poco visible dentro de la crisis de desapariciones, a partir de testimonios y entrevistas, el estudio recaba las experiencias de padres, hermanos, hijos y amigos que participan activamente en la búsqueda de personas desaparecidas y que enfrentan afectaciones específicas que pocas veces son reconocidas.
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Suprimir emociones como símbolo de fortaleza
El texto plantea un problema sobre la forma en cómo deben los hombres y las mujeres expresar su dolor, cómo sentirse y si deben minimizar su dolor frente a la violencia, pues en el caso de algunos hombres buscadores, su sufrimiento ses ignorado o minimizado, e incluso que ellos mismos no hablen de lo que sienten por el hecho de ser hombres, “nadie habla de cómo nos estamos consumiendo por dentro y nos volvemos invisibles”, comentó un padre buscador.
La investigación menciona que las necesidades de las personas que buscan a sus familiares están muy ligadas a los daños que enfrentan y a las formas en que intentan sobrellevar una situación muy difícil, pues la desaparición afecta a todos los aspectos de su vida: lo físico, lo mental, lo económico y lo social, por ello es importante entender que estas personas viven en condiciones de mucha vulnerabilidad y necesitan apoyo y cuidado, “la desaparición nos acabó física, mental, económica y socialmente”.
Algunos de los efectos que viven los hombres buscadores son: emocionales, de salud, económicos y familiares, a veces empeoran, a veces disminuyen, depende de lo que ocurra durante la búsqueda, como encontrar alguna pista o un hallazgo importante.
En lo emocional, los buscadores sienten coraje, tristeza, angustia, miedo y desesperación,. algunos tienen miedo de morir sin encontrar a sus familiares; sufren insomnio, pensamientos repetitivos, estrés y depresión. Algunos dicen que viven una “descomposición emocional”, porque se aíslan, sienten rencor y cambian su forma de ser. Todo esto muestra el fuerte impacto que la desaparición tiene en su vida diaria.
Durante la presentación del informe, Adrián, integrante del colectivo de Mario y familiar de Teodulfo Torres Soriano, señaló que una de las principales formas de cuidado para las familias buscadoras es contar con información sobre la desaparición forzada y exigir al Estado mexicano que cumpla con su responsabilidad de garantizar la búsqueda y la seguridad de las víctimas.
Pérdidas económicas por el trabajo de búsqueda
A parte de las implicaciones emocionales por la desaparición de su ser querido, los hombres buscadores se enfrentan a otro problema: la pérdida económica como daño colateral de la desaparición.
El documento Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores señala que la mayoría de los hombres buscadores presentan estrés, presión constante y frustración por tener que conseguir dinero para mantener las búsquedas, que en muchos casos duran años, aundado a gastos como transporte, gasolina, alimentos, herramientas para las búsquedas, así como atención médica o incluso gastos funerarios.
Para poder seguir buscando, muchas personas usan sus ahorros o piden dinero prestado para reunir los recursos suficientes, aunque a veces no pueden asistir a las búsquedas porque pierden el ingreso de ese día de trabajo. Esto hace que la situación económica se vuelva cada vez más difícil, ya que deben elegir entre trabajar o buscar a sus familiares desaparecidos.
El reporte menciona que otro problema frecuente es la pérdida de empleo, debido a que muchos de ellos faltan a su trabajo para participar en las búsquedas y en algunos casos son despedidos, por lo que deben buscar otras formas de ingreso, como trabajos informales o autoempleo, lo que significa menos estabilidad y sin acceso a prestaciones o seguridad social, o icluso las familias tienen que abandonar sus hogares por seguridad, perdiendo bienes y patrimonio, lo que empeora aún más su situación económica.
La desaparición también afecta la vida familiar y la organización del hogar, pues la desaparición del familiar puede unir familias, pero en otros genera conflictos o separaciones; las tareas de búsqueda y de la casa suelen recaer más en las mujeres, aunque también hay familias donde los hombres participan activamente y se organizan para dividir las labores domésticas.

Abandono institucional a hombres buscadores
El reporte expone que los hombres buscadores han vivido distintas formas de violencia criminal e institucional, como el desgaste por los largos tiempos para poder levantar denuncias, la culpabilización, criminalización, burlas y tratos indignos por parte de algunas autoridades, además la falta de seguimiento a protocolos de seguridad que deberían proteger a las familias frente a amenazas, hostigamiento e intimidación.
También, denuncian que las búsquedas se realizan lejos de sus hogares, lo cual implica traslados largos, incluso de madrugada, y varias horas en transporte público para llegar a los puntos de encuentro. Además, al regresar suelen hacerlo de noche y el riesgo aumenta cuando hay hallazgos, ya que las autoridades tardan en llegar y las familias deben esperar durante horas en lugares inseguros, expuestas a la vulnerabilidad e incluso a la oscuridad.
Algunos buscadores también señalan que las diligencias cuentan con poca seguridad estatal, ya que en muchos casos no hay coordinación adecuada entre Ministerios Públicos y las fuerzas de seguridad, y cuando llega a haber acompañamiento a veces solo llega hasta un punto y después quedan sin protección,
Lo cual ha provocado situaciones graves como desplazamiento forzado interno y violencia directa contra quienes buscan, incluyendo desapariciones o asesinatos, y la posible relación entre autoridades y crimen organizad que aumenta la impunidad.
No obstante, hombres buscadores aseguran que las búsquedas también se convierten en un apoyo emocional y en una forma de seguir adelante, compartir el camino con otros les ayuda a sobrellevar el dolor y a no sentirse solos.
Aprovechan para acompañarse entre “hermanos y compañeros de dolor”, de compartir experiencias y aprendizajes para ayudar a otros, «aunque desconfían de la justicia estatal, porque sienten que les ha sido negada, siguen buscando otros sentidos de justicia que les permitan continuar en su lucha por encontrar a sus familiares».
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Soluciones para acompañar el dolor de ser un hombre buscador
El estudio destaca que al considerar que la participación de los hombres buscadores ha sido menor en comparación con la de las mujeres se han generado desigualdades en la forma en que se reparte tanto la búsqueda de personas desaparecidas como las tareas de cuidado dentro de las familias y los colectivos, debido a que está relacionada con los estereotipos de género que asignan roles distintos a hombres y mujeres desde lo social.
Por ello, la investigación propone atender a las personas buscadoras desde un enfoque diferencial e interseccional, reconociendo además el derecho al cuidado como parte fundamental para sostener la vida; crear un sistema de cuidados para la población buscadora, donde participen distintas instituciones y actores sociales de manera conjunta y responsable.
También, impulsar leyes y políticas públicas que reconozcan el derecho al cuidado, la carga del cuidado sigue recayendo principalmente en las mujeres buscadoras, por lo que es necesario avanzar hacia una mayor corresponsabilidad, que incluya a los hombres en estas tareas y fortalecer al Estado a fin de garantizar igualdad, cuidado y protección para todas las personas.
Para lograrlo, el Centro Fundar señala la urgencia de construir políticas públicas que respondan a las necesidades reales de las personas buscadoras y que ayuden a reducir los daños físicos, emocionales, económicos y sociales que enfrentan, para redistribuir las tareas de cuidado y de búsqueda, que hoy siguen marcadas por roles de género desiguales, «los cuidados deben entenderse como una responsabilidad colectiva, donde cuidar a quienes cuidan sea un principio básico para proteger la vida y la dignidad de las personas buscadoras».
Integrantes del colectivo de padres buscadores de María Bárbara afirmaron que su objetivo no es desplazar a las mujeres ni ocupar su lugar en la lucha, sino motivar a más hombres, padres, hermanos e hijos a sumarse a la búsqueda de personas desaparecidas, pues han aprendido de la experiencia de las madres buscadoras y que buscan visibilizar que los hombres también enfrentan dolor, realizan labores de búsqueda y requieren reconocimiento y acompañamiento.



