¿Dónde se sienten parte los jóvenes en México? Para casi 4 de cada 10, la respuesta parece no estar clara: el 38.7% afirma que en ocasiones siente que “no se halla en ningún lugar”, una sensación que aumenta conforme avanza la edad y que es más frecuente entre las mujeres.
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La cifra forma parte de la encuesta “Jóvenes en México 2026”, impulsada por la Fundación SM a partir de 1,200 entrevistas a personas de entre 15 y 29 años. El estudio advierte sobre un proceso de “desafiliación” o desvinculación de espacios que tradicionalmente han ofrecido a las nuevas generaciones apoyo, pertenencia y oportunidades de desarrollo, como la familia, la escuela, el trabajo e incluso, en las relaciones de pareja y amigos.
Jóvenes mexicanos sienten que no se hallan en ningún lugar
El 38.7% de los jóvenes entrevistados dijo que en ocasiones siente que “no se halla en ningún lugar”. La percepción no es igual en todas las edades: pasa de 35.3% entre quienes tienen entre 15 y 17 años a 42.3% entre los jóvenes de 25 a 29 años.
También existe una diferencia importante por género. Mientras 34.8% de los hombres reporta esta sensación, el porcentaje aumenta a 42.4% entre las mujeres.
El dato apunta a una dificultad que no necesariamente significa estar físicamente aislado, sino no encontrar un espacio en el que exista una sensación de pertenencia, incluso cuando los jóvenes mantienen vínculos familiares, escolares, laborales o de amistad.
La familia tampoco siempre es un espacio de comprensión
Aunque la mayoría de los jóvenes continúa viviendo con su familia de origen), eso no significa que siempre encuentre ahí un espacio para expresar lo que siente.
El 40.9% considera que su familia no lo entiende, mientras que 41.1% asegura que no tiene con quién hablar de sus problemas.
La sensación de soledad también aparece entre quienes sí cuentan con amistades: 31.3% señala que, pese a tener amigos, se siente “muy solo o triste”.
Esto ocurre en un contexto en el que la familia sigue teniendo un peso importante en la vida de los jóvenes. El 76% vive con su familia de origen, mientras que apenas 8% vive de manera independiente y 15.9% ha formado una nueva familia.
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Es decir, la falta de pertenencia no necesariamente está relacionada con estar solo: muchos jóvenes comparten casa y mantienen relaciones con otras personas, pero aun así sienten que no tienen un lugar propio o alguien con quien hablar de sus problemas.
La escuela y el trabajo también dejan fuera a jóvenes
La desvinculación alcanza otros espacios fundamentales para la vida adulta. Casi 8 de cada 10 jóvenes (79.7%) quieren continuar estudiando, pero entre quienes abandonaron la escuela, 62.4% lo hizo por causas externas.
Entre los principales motivos aparecen la necesidad de trabajar, con 19%, y la falta de dinero o recursos, con 18.9%.
El trabajo tampoco representa necesariamente una vía de estabilidad. La informalidad alcanza a 58.8% de los jóvenes, mientras que quienes tienen entre 25 y 29 años enfrentan una incorporación cada vez mayor al mercado laboral: 61.7% trabaja, frente a apenas 7.3% que se dedica exclusivamente a estudiar.
La situación es particularmente desigual para las mujeres de ese grupo de edad: 39.7% no estudia ni tiene un empleo remunerado, principalmente por responsabilidades familiares o de cuidados, frente a 11.2% de los hombres.
Una generación que busca pertenecer, pero no siempre encuentra dónde
Los datos de la encuesta muestran una contradicción: los jóvenes mantienen vínculos con su familia, tienen amigos, estudian o trabajan, pero una parte importante no encuentra en esos espacios la comprensión, estabilidad o sentido de pertenencia que necesita.
Por eso, la sensación de “no hallarse en ningún lugar” puede leerse como algo más amplio que un estado de ánimo individual. La Fundación SM identifica un proceso de desafiliación, en el que los jóvenes se van alejando de instituciones y relaciones que anteriormente funcionaban como espacios de integración social.
Y mientras esa desvinculación aumenta con la edad, también crecen las presiones asociadas con la vida adultacomo conseguir dinero, trabajar, abandonar o interrumpir los estudios, asumir responsabilidades familiares y encontrar un lugar propio.
La pregunta que dejan los investigadores de la encuesta no es únicamente qué quieren los jóvenes, sino también qué tan capaces son la familia, la escuela, el trabajo y otros espacios sociales e incluso políticos de ofrecerles un lugar en el que se impulsen decisiones que amplíen las oportunidades para las nuevas generaciones.



