La defensa de los derechos LGBT+ y de las personas con discapacidad atraviesa la vida y el trabajo de Guz Guevara. Queer, activista y artista, ha dedicado más de una década a visibilizar las barreras que enfrentan ambas poblaciones.
Originario de San Luis Potosí, Guz Guevara vive con osteogénesis imperfecta, una condición de fragilidad que provoca que sus huesos sean porosos y se fracturen con facilidad. Su activismo inició en 2013, cuando estaba por concluir sus estudios universitarios.
“Me di cuenta que solo el 5% de la población con alguna discapacidad ha tenido acceso a la educación superior. Cuando yo me vi tan solo en esos espacios, dije: ‘esto no puede ser posible, más personas con discapacidad debemos estar aquí’”, dice en entrevista.
Ese fue el punto de partida de una lucha anticapacitista enfocada en demostrar que las personas con discapacidad pueden —y deben— ocupar distintos espacios de la vida pública.
Mientras construía su camino como defensor de las poblaciones con discapacidad, Guz también atravesaba un proceso personal relacionado con su identidad.
“Desde los 17 años yo sabía que algo había en mi identidad. En ese entonces yo me sentía atraído por otros chicos y me asumía como un hombre gay”, explica.
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Sin embargo, San Luis Potosí es uno de los estados más conservadores de México por su herencia religiosa y el arraigo a la conformación de las “familias tradicionales”. Así que el camino para asumirse públicamente como una persona queer llegaría tiempo después.
En 2022, Guz se mudó a la Ciudad de México, una decisión que considera determinante para vivir con mayor libertad y autonomía.
“Toda mi expresión ya mucho más libre de estereotipos, de estigmas, de cuestionamientos y de roles de género se dio acá en la Ciudad de México. Me parece que es una ciudad muy plural, muy diversa”, expresa.
Entre la discapacidad y la diversidad LGBT+

La historia de Guz Guevara se encuentra en la intersección de dos poblaciones históricamente excluidas: las personas LGBT+ y las personas con discapacidad.
Aunque con frecuencia estas luchas se analizan por separado, existen experiencias que las atraviesan simultáneamente. Se estima que, a nivel nacional, el 7.8% de las personas LGBT+ vive con algún tipo de discapacidad, principalmente psicosocial o física, de acuerdo con el Informe del Diagnóstico Situacional de Personas LGBTQ+ de la Línea de Investigación en Salud y Bienestar LGBT.
“Pareciera que no tengo ni el total respaldo de las población LGBT+ ni el total respaldo de las poblaciones con discapacidad. A un sector muy conservador de las poblaciones con discapacidad les molesta que mezcle los activismos. Por otro lado, las poblaciones queer nos invalidan mucho”, lamenta.
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En la actualidad, una parte del trabajo de Guz Guevara se enfoca en crear espacios verdaderamente inclusivos para personas LGBTI+ y personas con discapacidad.
Uno de los proyectos más representativos es el DiscaPicnic, una iniciativa comunitaria que busca garantizar la participación de personas con discapacidad en actividades recreativas, culturales y de convivencia.
“Es este encuentro donde todas las personas, todos los cuerpos, todas las características son bienvenidos”, señala.
Pero también está su proyecto musical. Bajo el concepto de “artivismo”, Guz ha utilizado su plataforma como una herramienta para hablar sobre discapacidad, discriminación y diversidad.
Canciones como Maldito Lisiado, Roto y Capacitista forman parte de una propuesta que mezcla experiencias personales con crítica social, misma que lo ha llevado a participar en distintos espacios culturales y a abrir conciertos de artistas como Amandititita.
Cerrar filas y resistir
En julio de 2025, Guz sufrió un accidente en Paseo de la Reforma, Ciudad de México. Cayó de la silla de ruedas al intentar bajar por un carril del Metrobús, que carece de rampas y accesibilidad para personas con discapacidad. Las lesiones le provocaron fracturas múltiples, pérdida auditiva y afectaciones en la movilidad de uno de sus brazos.
“Sigo en recuperación, pero perdí mi independencia. Ahora tengo que depender de mi familia y de otras personas. Se supone que hay un seguro para transeúnte, pero no se me aplicó. Ahorita hay un proceso legal, porque debe haber una reparación integral del daño”, cuenta.
Esta experiencia reforzó una de las causas que ha defendido durante años: la necesidad de construir ciudades más accesibles.
“La falta de accesibilidad le puede arrebatar a cualquier persona su independencia, incluso si no vivían con uan discapacidad”, alerta.

Guz sostiene que ni su discapacidad ni los accidentes que ha sufrido por la falta de accesibilidad van a frenar el trabajo que ha impulsado durante más de una década.
En un contexto marcado por el avance de discursos antiderechos en distintas partes del mundo, Guz hace un llamado a cerrar filas y fortalecer la organización colectiva para defender los derechos conquistados.
“Creo que es momento de cerrar filas ante los discursos antiderechos. No es momento de titubear, no porque seas más discreto te van a querer”, plantea.
Para Guz, la visibilidad no consiste en hablar por otras personas, sino en abrir espacio para que más voces puedan contar sus propias historias.
“Las personas queer con discapacidad, las jochidiscas, existimos, aquí estamos, y nunca más nos vamos a ir”, enfatiza.


