Los adolescentes de familias con menor nivel socioeconómico son quienes más sufren las consecuencias del uso excesivo de redes sociales, segura el World Happiness Report 2026 (Reporte Mundial de Felicidad 2026) pues menciona que este grupo de edad presenta una relación más fuerte entre pasar demasiado tiempo en plataformas digitales sin límite y un menor bienestar emocional, con más tristeza, irritabilidad, problemas de sueño y menor satisfacción con la vida.
Este estudio recopiló datos de más de 331 mil adolescentes en 43 países y señala que el impacto no es igual para todos pues aunque en general las redes sociales se relacionan con un mayor malestar, las consecuencias son más marcadas en hogares con menos recursos económicos. Además, los efectos son más intensos en los adolescentes más jóvenes, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad en las primeras etapas de la adolescencia.
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La madurez como control digital
Entre los descubrimientos del estudio es que en los primeros años de la adolescencia se debe cuidar las habilidades emocionales y sociales las cuales determinarán la capacidad de controlar el entorno digital en cuanto a las horas que pasan frente a un dispositivo, el contenido que consumen y cómo influye en su vida.
Los adolescentes mayores suelen ser más resilientes, debido a que aprendieron a regularse emocionalmente frente a su experiencia digital o estrategias de afrontamiento. «estos patrones según la edad subrayan la importancia de considerar las primeras etapas del desarrollo al evaluar las disparidades en el bienestar en el contexto de las redes sociales».
Uso problemático de las redes se asocia con el bienestar económico
El Reporte Mundial de Felicidad 2026 arrojó dos ideas principales: la primera es que el uso excesivo o difícil de controlar de las redes sociales se relaciona de forma constante con un menor bienestar en los adolescentes, referente a entorno familiar, el contexto escolar o diversas características de los jóvenes.
La segunda idea es que no todos los adolescentes se ven afectados de la misma manera, aquellos que provienen de familias con menos recursos económicos presentan un mayor impacto negativo, reportan más problemas psicológicos y tienden a sentirse peor con su vida en general en comparación con quienes pertenecen a niveles socioeconómicos más altos.
El reporte muestra que los jóvenes de familias con menos recursos económicos sufren más las consecuencias negativas pues el uso de internet se vuelve compulsivo o adictivo, debido a que en ocasiones no existe la presencia de algún adulto que limite el uso, por lo que su bienestar emocional se ve más afectado, en cambio, los adolescentes de familias con más recursos están un poco más protegidos frente a esos efectos.
La explicación que propone el texto es que las familias con mayor nivel socioeconómico suelen tener más herramientas para enfrentar este problema. Por ejemplo, pueden brindar más supervisión, enseñar mejores hábitos digitales o contar con más apoyo para sus hijos, pero las familias con menos recursos tienen menos posibilidades de ofrecer ese tipo de apoyo, lo que hace que los adolescentes sean más vulnerables.
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Políticas para el uso responsable igualitario
El Reporte Mundial de Felicidad 2026 menciona que no basta con identificar el problema del uso excesivo de internet o redes sociales en los adolescentes, sino que es necesario crear políticas y acciones para reducir sus efectos negativos, especialmente en los jóvenes más vulnerables.
También señala que estas soluciones deben ser variadas y trabajar en distintos niveles, desde la familia, con más apoyo y orientación; en las escuelas, enseñando a los estudiantes a usar de forma más responsable la tecnología; y en el sistema de salud, con atención psicológica accesible para quienes la necesiten, pues es importante considerar que no todos los adolescentes viven la tecnología de la misma manera, ya que influyen factores culturales y sociales.
Propone que para reducir el impacto negativo de las redes sociales no solo hay que enfocarse en las plataformas digitales, sino también en las desigualdades sociales, con la idea de construir un entorno digital más justo, donde todos los jóvenes, sin importar su situación económica, tengan las mismas herramientas para usar internet de manera saludable.



