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“Si algo es demasiado perfecto, no lo hizo un humano”: artesanas resisten frente al plagio industrial

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foto de artesanas
Artesanas enfrentan al plagio de sus obras por empresas famosas y de producción masiva. Foto: Neldy San Martín
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“Lo toman, ya lo hacen y vienen a vender nuestro trabajo, pero pues ni modo”, dice indignada, entre el murmullo del mercado, Silvia Jacaima.

Silvia es originaria de Mexquitic, Jalisco, y desde los 20 años sus manos han sido la herramienta principal con la que sostiene a su familia. Mientras acomoda sus artesanías, cuenta que cada una de sus piezas de arte wixárika representa días de trabajo y una técnica de pegado de chaquira milenaria. 

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Sin embargo, en el mercado actual su dedicación y tiempo compiten contra la inmediatez de la reproducción automatizada. Ella conoce de cerca el tema y recuerda una escena: clientes se acercan, le toman fotos a sus piezas y luego las reproducen.

«Me ha tocado. Así como me preguntan, luego le toman fotos, luego lo vuelven a hacer ellos, lo baratean, de lo que yo vendo, que porque lo vendo caro, pero porque lo hago a mano, lo hago más fino«, relata.

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La experiencia de Silvia es una pequeña muestra de un fenómeno global. En México, comunidades de artesanas, diversas y en distintos lugares del país, han denunciado que empresas trasnacionales y el mercado masivo, particularmente chino, reproducen sus técnicas  y bordados tradicionales.

Los casos van desde marcas internacionales como Louis Vuitton, Carolina Herrera, Isabel Marant, Zara, Dior y Adidas, que han sido acusadas por la Secretaría de Cultura de México o las propias comunidades originarias de plagio y apropiación cultural, pues utilizan o replican sus diseños sin autorización. 

En los últimos años a esos casos se suman las mercancías industrializadas. De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, las importaciones chinas han desplazado hasta el 80% de los productos en algunos mercados locales, utilizando tecnología como la impresión por sublimación e incluso Inteligencia Artificial para clonar diseños de huipiles, textiles y molcajetes. 

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Aunque cuentan con una ley que los ampara para defender sus creaciones no todos tienen los medios para inciar un camino jurídico. Foto. Neldy San Martín

Consultado al respecto, el investigador textil Arturo Crisanto, conocido en redes sociales como “El Chico del Rebozo”, dice que la réplica a máquina no es un fenómeno nuevo, pero se ha intensificado. “Esto del plagio a través de la sublimación de telas, o de la impresión de diseños, no es reciente, no es con este boom de la Inteligencia Artificial. En México esto tiene 20 años, el caso más famoso es Pineda Covalin”.

“Toda la mercancía que están haciendo con máquinas, réplicas de indumentaria tradicionales, es plagio, es apropiación, son piezas que están intentando replicar el bordado tradicional de muchas regiones y que se venden en todos lados”, explica.

Para defender el legado artesanal existe la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural, que reconoce los derechos colectivos de los pueblos originarios sobre sus expresiones artísticas frente a la copia y permite exigir reparación. Sin embargo, el camino jurídico no es accesible para todos.

Olivia Meza, de la ONG Impacto, organización que acompaña a más de 200 mujeres de pueblos originarios en procesos colaborativos, ha mapeado alrededor de 50 casos de apropiación. Explica que antes de acusar públicamente a una marca, investigan discretamente si existió consentimiento previo de las comunidades. “No tendemos a hacerlo amarillista”, dice.

Sin embargo, reconoce que la falta de información, los vacíos legales y la urgencia económica colocan a muchas familias en una posición de alta vulnerabilidad.

Hay muchas mujeres que no pueden tener acceso a las ONG, a los talleres, a estas capacitaciones, y tienen que sobrevivir y hay gente que se aprovecha”, dice.

@ruidoenlaredoficial

🧵🤖 ¿Qué pasa cuando una máquina puede copiar en minutos algo que una artesana tardó décadas en aprender? Artesanas y artesanos en México enfrentan la reproducción de sus diseños y técnicas para vender piezas más baratas, mientras la IA y otras tecnologías hacen cada vez más fácil replicar patrones y formas. Pero una pieza artesanal no es solo un diseño: también hay conocimiento, historia, identidad y horas de trabajo detrás. Y aunque México ya tiene una ley que reconoce derechos colectivos sobre los conocimientos y expresiones culturales de los pueblos originarios, defenderlos sigue siendo complicado. ⏯ Mira el video completo en nuestro canal de YouTube. ✍ Guion: @soyneldysanmartin 🖥 Producción: @pacocastle03

♬ sonido original – Ruido en la Red

Lo que no se puede copiar

En el mercado de La Ciudadela, en la Ciudad de México, Montserrat Silva conserva el único taller familiar de tallado en madera que sobrevive en la zona. Ella es la tercera generación en una familia de tallistas en madera.

Con la herencia familiar como respaldo, Montserrat confía en que la tradición y sobre todo el error humano, sea el diferenciador entre las piezas plagiadas y las originales.

Aquí nos hemos dedicado a esto desde generaciones, desde mi tatarabuelo, mi abuelo, mi papá y ahora nosotros”, dice mientras talla una pieza.

«Todas nuestras obras, aunque tengan los mismos colores, tienen diferentes trazos. Vienen de nuestra mente y creatividad; no hay ninguna obra que sea igual al 100 por ciento. Incluso, con la Inteligencia Artificial si algo es demasiado perfecto te das cuenta de que no lo hizo un humano», asegura.

Frente a las réplicas en serie, cada artesana defiende su trabajo con resistencia y dignidad. Silvia Jacaima prefiere no engancharse. Dice que ella seguirá trabajando y creando.

«Si lo hacen, que lo aprovechen y aprendan, a ver si les sale. Si me molesto, no puedo hacer nada; no tiene caso hacer coraje».

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