Operación Cisne Negro: el periodismo que armó el rompecabezas de la fuga de ‘El Chapo’
Este documental expone que México está dominado por el crimen no porque los capos sean más listos, sino porque la seguridad no pesa más que el ansia de reflector, los desacuerdos y la negligencia.

Joaquín «El Chapo» Guzmán es el narcotraficante más famoso en México. Construyó un imperio. Se volvió un icono del crimen en este país. Y todo esto no es un halago. Ni forma parte de una mente brillante que supiera cómo llegar a la cima criminal con estrategia. «El Chapo», sus fugas, su organización delincuencial, son más producto de un sistema de justicia endeble que de una gran inteligencia usada para el mal.
Esta semana se estrenó la serie Operación Cisne Negro, un trabajo documental de la plataforma VIX, que fue producida por la periodista Denisse Maerker, dirigida por Héctor Lasso e investigada por los reporteros Samuel Adam y Melissa Del Pozo. ¿Qué más se podría contar de aquel sinaloense que hoy purga condena de por vida en una cárcel de Estados Unidos?
A 10 años de la recaptura del criminal más mítico en el último siglo, el trabajo periodístico de N+ Docs revela con material inédito, investigación, entrevistas y una pulcra reconstrucción del minuto a minuto, dos de los episodios que hacen de este hombre una figura sin la que no se puede entender la violencia que hoy desangra a nuestro país y en particular la crisis de seguridad que se vive en Sinaloa: la fuga del penal de alta seguridad del Altiplano, que terminó de afianzar la leyenda y la cacería que emprendió el gobierno del entonces presidente Enrique Peña Nieto para volverlo a encarcelar.
«Con Cisne Negro, hicimos uso de la fuerza periodística, de esta investigación que tenemos clavada en el N+, y que usamos todos los elementos, toda la biblioteca, todo el andamiaje que existe ahí. Y creo que también esto demuestra que el periodismo y el cine son dos géneros que se complementan bastante bien, y depende todo del storytelling y del rigor que tu que tengas para realizar tu investigación”, explicó Lasso durante la presentación a prensa.
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Y aunque la figura de «El Chapo» siempre resulta atractiva tanto para la ficción como para la investigación periodística, este documental dividido en dos capítulos, no gira en torno al mito, hace algo más arriesgado: se asoma a los vacíos del poder y el sistema político y de seguridad que le permitieron erigirse como la figura que es. Se hace preguntas, responde dudas y llena espacios que habían pasado inadvertidos pero que muestran de cuerpo entero un gobierno que por ineficiencia o por corrupción, ha participado en la construcción de los grupos criminales que han costado cientos de miles de vida y la desaparición de incontables víctimas más.
“El tema de la investigación o el método de investigación que logramos generar para este documental, en realidad pudimos haber hecho un corte de, no sé, varios capítulos más, y acotar ese universo de los seis meses, entre julio de 2015 y enero de 2016, consultamos más de 100 documentos oficiales, documentos judiciales, leímos más de 12 mil hojas de la fuga, la cacería y la recaptura de Joaquín Guzmán, tuvimos acceso a documentos de solicitudes de transparencia, documentos de la Procuraduría General de la República, de la Agencia de Investigación Criminal, salen 24 personas a cuadro, pero tuvimos más de 60 personas consultadas, entrevistas de desarrollo, 450 horas de material histórico, de archivo”, detalló el periodista Samuel Adam que tiene más de 10 años de experiencia en campo.
Revelaciones de imágenes que no habíamos visto nunca, entrevistas a personajes protagonistas de ambos hechos que nunca habían hablado, documentos y el armado de una secuencia que nos permite asomarnos a la fractura del sistema de seguridad mexicano, logran que este documental ponga sobre la mesa una dura realidad: a México no lo domina el crimen porque los capos sean más listos, es porque la seguridad no es un asunto que pese más que el ansia de reflector en el poder, que los desacuerdos políticos o la negligencia de autoridades que de moche en moche van flexibilizando un sistema que nunca fue capaz de sostener en prisión a un criminal de la talla de Joaquín Guzmán Loera.

El emporio que ha sido el Cártel de Sinaloa, liderado no sólo por «El Chapo» sino también por Ismael Zambada -también preso en EU-, empezó justo con una fuga, con aquel primer escape de Joaquín del penal de máxima seguridad de Puente Grande en Jalisco en 2001. Ahí había estado preso por ocho años, ahí, en el sistema penitenciario mexicano fue donde forjó la estructura que luego le permitió evadir a la justicia por 13 años y convertir a su organización en una de las más grandes del mundo. Ahí aprendió cómo corromper. Lo de los túneles sí lo traía de antes.
Pero este documental aborda la segunda, la que le tomó 16 meses planear, la que se le facilitó porque aún teniendo dos personas que vigilaban cada uno de sus movimientos 24/7 no podían escuchar que en esa celda el mayor ruido era el de los taladros y la maquina que le abrieron el hoyo de escape. El trabajo audiovisual que está acompañado de animaciones que permiten entender tiempos y distancias, retrata lo fácil que le resultó al capo esperar con paciencia la construcción de un túnel de kilómetro y medio que logró atravesar por completo antes de que sus vigías siquiera se percataran de que ya no estaba en su celda.
El túnel que le abrió la última puerta a la libertad al «Chapo» requirió demasiadas piezas sumadas que no se explican sólo con dinero para sobornar, sino con la poca seriedad con la que se tomaba el albergar en esa prisión mexiquense a un delincuente con esa trayectoria, en la que pesaba más la soberbia de las autoridades que creyeron que bastaba con haberlo detenido una segunda vez. «Al mejor cazador se le va la liebre»… una frase lograda en el documental a través de una entrevista al expresidente Peña Nieto que nos recuerda el cinismo que marcó su sexenio y que sacó al PRI de Los Pinos.
Y aún así fue el detalle cronológico que se ve en el segundo episodio el detonante más importante del equipo de N+ Docs para lograr el resultado final.
“El punto de partida que nos da hacer esta serie es que se cumplían 10 años de la captura, cuando empezamos aún no se cumplían, pero eran los 10 años y honestamente en un inicio pensamos que sólo íbamos a contar los cómo, cómo se fugó… y regreso a las dos horas que nos volaron la cabeza. ¿Por qué nadie tenía estas dos horas? ¿Y por qué a nadie le importaba buscarlas? Nos obsesionamos de veras con esto”, explica Lasso refiriéndose al tiempo en el que nadie había reparado entre que «El Chapo» se le escapa a la Marina y en el que finalmente es detenido y llevado al hotel por los elementos de la Policía Federal.
La riqueza del material nunca antes visto que consiguió y su equipo y la capacidad de lograr tensión a varias pantallas, revive la indignación ante un hecho del que ya creíamos saber todo. La obsesión que el equipo periodístico demostró en el año y medio de la construcción de Operación Cisne Negro pone sobre la mesa preguntas distintas. Por ejemplo, quién tomó la decisión de no mover a Joaquín nunca de aquella celda 20, la de la orilla, la que no tenía a ningún compañero de condena criminal al lado, la que facilitó hacer llegar un túnel a una cárcel de presunta máxima seguridad.
El minucioso tejido que Adam y Del Pozo hacen en el segundo episodio sobre la cacería y última recaptura de «El Chapo», permite asomarnos en la complejidad operativa que implicó dar nuevamente con el sinaloense, el profundo conocimiento que se tenía sobre sus formas y gustos y aunque no de forma directa, pero permite también entender la intervención que EU tuvo en una primera etapa, hasta el conocido episodio de Kate Del Castillo y Sean Penn que impidió que en ese momento fuera recapturado para cuidar la integridad de dos personas de nacionalidad estadounidenses y lo que le implicó al gobierno mexicano volver a empezar la cacería ya solos.
“Otra cosa que se evidencia aquí y creo que hay que decirlo, en la primera captura de Joaquín Guzmán pues interviene mucho la CIA. Aquí, después de Joaquín, nos quitan la ayuda. Nos dejaron tomar algo que nos dijo alguien de inteligencia: ‘Y cuando nos retiran la ayuda nos dejaron ciegos y solos’”,
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Pocas veces un trabajo periodístico logra ademas juntar las voces de los altos mandos al frente de una hazaña como la que era volver a quitarle la libertad a una liebre del crimen: sentar, cuestionar y verles responder a personajes como Miguel Ángel Osorio Chong, entonces secretario de Gobernación, la entonces Procuradora General de la República Arely Gómez o «El ‘Águila», la cabeza de la Secretaría de Marina que encabezó la cacería y compartió el crédito de la captura, no es un mérito menor porque convierte este documental en un archivo de consulta obligatoria para la historia.
Pero los personajes anónimos y los menos conocidos tienen igual o más valor periodístico. Una de las mayores contribuciones del equipo liderado por Maerker es ponerle altavoz a protagonistas directos que nunca habían sido escuchados: uno de los monitoristas que pagó 7 años en prisión por la fuga, aunque su condena sólo era de 4 años; o uno de los ocho… ocho policías de la Policía Federal que sin haber sido parte de la operación inicial de captura, terminaron siendo quienes pusieron el pecho para concretar la recaptura luego de que la Marina ya lo había perdido, otra vez, al escapar por un túnel.
Una acción que no era producto de un acto heroico de los que inspiran las ficciones, sino una circunstancia en la que la suma de las piezas ya no favoreció a Guzmán y que quizá ninguno de ellos habría elegido por que les implicó que su vida cambiara para siempre.







