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Machósfera: ¿por qué debería atenderse como un problema de salud pública?

La machósfera representa riesgos para la salud mental y promueve la misoginia, ¿cómo combatirla? Expertos proponen atender sus causas sociales y económicas.

REDACCIÓN RUIDO EN LA RED
REDACCIÓN RUIDO EN LA RED | 31 DE OCTUBRE DE 2026
Machósfera: ¿por qué debería atenderse como un problema de salud pública?

Foto: Ruido en la Red.

La machósfera, un ecosistema de comunidades digitales que comparten ideas sobre masculinidad, misoginia y la supuesta victimización de los hombres, debería atenderse como un problema de salud pública y no solamente como un asunto de contenidos en redes sociales.

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Así lo plantean Sarah J. Hawkes y Kent Buse en el artículo Reframing the manosphere: a public health response to a commercial ecosystem, publicado en la revista The Lancet. Los especialistas advierten que este fenómeno representa riesgos para la salud de hombres, mujeres y jóvenes, por lo que proponen una respuesta que involucre políticas sociales, económicas y educativas:

¿Qué es la machósfera y por qué representa un riesgo para la salud?

La machósfera (manosphere, en inglés) es un conjunto de comunidades digitales que comparten creencias sobre la masculinidad, la misoginia y la idea de que los hombres son víctimas de los avances de las mujeres y la igualdad de género.

Aunque no constituye una organización única, sus espacios comparten discursos que responsabilizan al feminismo de los problemas masculinos y presentan los cambios sociales como una amenaza para los hombres.

Hawkes y Buse consideran que este ecosistema es un factor poco reconocido que contribuye a distintos problemas de salud. Entre los riesgos que identifican se encuentran:

  • Problemas de salud mental: los contenidos y las dinámicas de estas comunidades pueden afectar el bienestar psicológico, especialmente entre los jóvenes.
  • Insatisfacción con la imagen corporal: los modelos de masculinidad asociados con la apariencia física y el rendimiento pueden generar presiones y malestar.
  • Menor disposición a buscar ayuda: algunos discursos desacreditan la búsqueda de atención profesional y refuerzan la idea de que los hombres deben resolver sus problemas sin apoyo.
  • Violencia contra mujeres y niñas: la normalización de actitudes misóginas puede contribuir a que la violencia de género sea más aceptada socialmente.

Los autores también advierten que los riesgos no afectan únicamente a los hombres que participan en estas comunidades. Las mujeres, las niñas y las personas de la diversidad sexual y de género también pueden sufrir las consecuencias de los discursos y las actitudes que se difunden en estos espacios.

Soledad, exclusión y problemas económicos: ¿qué acerca a los jóvenes a la machósfera?

Para los especialistas, no basta con observar lo que sucede en internet. También hay que mirar las condiciones sociales que pueden llevar a niños y hombres jóvenes a buscar pertenencia e identidad en estas comunidades.

Entre los factores que identifican están la desvinculación educativa, la exclusión social, el aislamiento y la soledad.

A esto se suman las preocupaciones económicas y la incertidumbre sobre el futuro, que pueden aumentar la búsqueda de espacios donde los jóvenes encuentren explicaciones para sus dificultades personales y sociales.

En ese contexto, la machósfera puede ofrecerles un sentido de pertenencia y una explicación aparentemente sencilla de por qué la vida resulta difícil. El problema, señalan los autores, es que algunos de estos discursos trasladan la responsabilidad de esas dificultades a las mujeres y al feminismo, en lugar de reconocer sus causas estructurales.

Por ello, Sarah Hawkes y Kent Buse consideran que responsabilizar a los jóvenes por acercarse a estos espacios no resuelve el problema. La respuesta debe atender también sus necesidades de acompañamiento, oportunidades y participación social.

Otro de los argumentos centrales del artículo es que la machósfera no debe entenderse únicamente como un conjunto de opiniones o comunidades en internet, sino como un ecosistema comercial, pues explican que los creadores de contenido y las plataformas digitales pueden obtener beneficios económicos al promover discursos que explotan el resentimiento y la sensación de agravio.

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¿Cómo combatir la machósfera? Estas son las seis propuestas de los especialistas

En su artículo publicado en The Lancet, Hawkes y Buse plantean seis prioridades para desarrollar una respuesta de salud pública. Ya que no se trata únicamente de moderar contenidos, sino de intervenir en las condiciones sociales y económicas que sostienen el atractivo de estas comunidades. Entre los puntos están:

  • Atender las causas sociales de la vulnerabilidad

La primera prioridad es actuar sobre factores como la marginación educativa, la exclusión social y el aislamiento de niños y hombres jóvenes.

Esto implica generar condiciones para que tengan oportunidades de desarrollo y espacios donde puedan encontrar pertenencia sin recurrir a comunidades que promueven la misoginia.

  • Coordinar escuelas y servicios de salud

Los autores proponen fortalecer la colaboración entre los sistemas de salud y otros sectores que tienen contacto cotidiano con niños y jóvenes, particularmente el educativo.

La intención es que las escuelas, los servicios sanitarios y las organizaciones que trabajn con esta población puedan identificar necesidades y ofrecer acompañamiento.

  • Promover mensajes positivos sobre la masculinidad

Otra prioridad consiste en evitar que las estrategias de prevención presenten a todos los hombres como un problema o definan la masculinidad como algo inherentemente negativo.

Los especialistas proponen construir mensajes e intervenciones junto con hombres y jóvenes de distintos contextos. También plantean utilizar estrategias de prevención anticipada, que ayudan a desarrollar herramientas para reconocer y resistir contenidos perjudiciales antes de que influyan en las personas.

  • Regular las plataformas digitales

Para Hawkes y Buse, la regulación debe enfocarse en las estructuras y los incentivos comerciales que generan daños, no solamente en las personas que consumen estos contenidos.

Esto implica revisar los mecanismos de moderación y el funcionamiento de los algoritmos, además de considerar cómo pueden promover mensajes y normas positivas.

Los autores reconocen que la machósfera no es un producto único y que la participación en comunidades digitales también puede tener usos legítimos y beneficiosos. Por ello, plantean una regulación que atienda los riesgos sin desconocer esas diferencias.

  • Invertir en investigación y seguimiento

La quinta propuesta es destinar recursos al monitoreo de estos ecosistemas digitales, así como a la investigación y evaluación de las intervenciones.

Esto permitiría conocer cómo evolucionan las comunidades, medir qué estrategias funcionan e identificar posibles consecuencias no previstas de las políticas públicas.

  • Combatir la misoginia y los prejuicios contra la igualdad

Finalmente, los especialistas plantean que es necesario enfrentar los prejuicios contra la igualdad de género que ya existen en la sociedad.

Advierten que la machósfera no creó la misoginia, pero puede contribuir a normalizarla y amplificarla. También señalan la importancia de atender la influencia de movimientos antiderechos y antigénero que cuestionan los avances y la evidencia sobre igualdad de género.

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